(Del lat. vorāgo, -ĭnis).
Pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos muy intensos.

martes, 5 de octubre de 2010


Y ahora, más que nunca, siento el paso del tiempo a través de mi piel. El otoño ha vuelto, y con él los días grises, los paraguas que echan a volar y los pies salpicando sobre los charcos. Los recuerdos que atormentan y los segundos que se echan encima, apurándote a seguir viviendo, que no hay tiempo para tonterías. Y yo aquí divagando sobre lo que pudo haber sido, sobre lo sencillo que era todo aunque no lo pareciese, y sobre todo lo que me está costando mantenerme en pie algunas mañanas. Echo de menos mis tardes tranquilas, las ideas reposando sobre un papel y llevándose aquello que sobraba en mi interior. Las gotas a través del cristal, sin prisas, sin relojes, perdiéndome en susurros al otro lado del teléfono, jugando a adelantar el tiempo en mi cabeza y construyendo historias de esas dignas de película de Hollywood. La ilusión de encontrarte en medio de algún bar y las ganas que nunca nunca morían. Y es extraño sí, las estaciones pasan, la gente va y viene, parece que todo sigue igual y en cambio cada día es un mundo totalmente distinto. Pasó mucho tiempo antes de que decidiese girar en la intersección, alejándome otra vez para acercarme quién sabe a qué lugar. Me pierdo, me pierdo cien veces por las calles mojadas, entre personas que vuelven tranquilas a casa, o entre niños que juegan sin pensar en nada más. Y a mí que me marea todo. Yo que no soy capaz de deshacer los nudos que oprimen y oprimen hasta casi ahogar. Yo que siento que nunca me conformo, que siempre aspiro a más y más. Y me siento egoísta a veces por no encontrar la felicidad cuando quizá justo la tenga delante de mis narices, por no poder salir del vaso que rebosa de agua. Paciencia, me digo treinta veces al día. Una sonrisa que es más una mueca y mis dedos ansiando algo a lo que aferrarse. Unas pestañas sobre las que columpiar mis miedos. La alegría en estado puro oculta tras unos labios al besar. Una mano para traspasar el calor. Un paseo de domingo. Una despedida que nunca termine. Resistir. Resistir. Sonrisas. Empujar hasta llegar al final, o al principio. Qué más da. Porque luego, todo se irá, como siempre. Sólo falta asumirlo, endurecer los huesos, limpiar los sueños para no caerse a través de ellos. Flotar dentro de una burbuja y cerrar los ojos esperando no impactar contra el suelo. Dejar que el aire me lleve para encontrarme contigo. .

8 comentarios:

  1. odio pensar en ese doloroso "¿qué hubiera pasado, sí [...]? :'). Me gustó, muy profundo :)

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  2. que bonito!

    te sigo

    http://hoyquierooserfeliz.blogspot.com/

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